No es extraño observar a un jugador de futbol realizar movimientos repetitivos antes de entrar al campo, o a porteros que tocan dos veces los palos de la portería antes de comenzar un partido. El número de triunfos y torneos ganados por Rafa Nadal no para de crecer, es imparable, así como también aumentan cada día su número de manías y supersticiones del tenista manacorí.

La superstición forma parte del deporte, hasta tal punto que muchos de los deportistas con más éxito han desarrollado y desarrollan sus carreras deportivas acompañados de amuletos, manías, tics y supersticiones . También es conocido Michael Jordan por estas conductas: no salía nunca a jugar si no llevaba los “shorts” que utilizaba en su época de estudiante. O el caso de Michael Phelps que no puede competir si no escucha antes la canción “Go Getta” de Young Jezzy.

Las supersticiones pueden darse en forma de creencias (cuando confiamos en el poder de un objeto) o de comportamientos (actos repetitivos e inusuales), pero en ambos casos las personas los utilizamos porque percibimos que su uso o realización tiene un efecto positivo. Este efecto positivo no sólo tiene que ver con el hecho de conseguir algo deseado (por ejemplo, lograr la meta propuesta) sino porque en ocasiones puede evitar un resultado indeseado (por ejemplo, una lesión).

¿Este efecto positivo es real?

La respuesta a esta cuestión depende de a quien se lo plantees;  si es o no es supersticioso. Lo que si sabemos es que la superstición se utiliza como mecanismo que nos permite conseguir el control de una situación incierta. Es decir, nos aporta el control personal que necesitamos para hacer frente a una situación estresante. De hecho cuánto más estresante es una situación, mayor será el número de supersticiones que utilicemos.

El poder de la superstición reside en la confianza que el deposita tiene sobre si mismo. No es lo mismo comenzar una carrera sin saber en qué puesto vas a quedar o si te vas a lesionar, que comenzarla con tu amuleto de la suerte colgado del cuello. No es el amuleto en sí, sino la confianza que te da el amuleto, la que hace que toda tu energía se disponga y se dirija a conseguir el resultado deseado. La situación sigue siendo igual de incierta, pero tu percepción ha cambiado porque ahora dispones de la confianza que antes no tenías, sientes la situación controlada y eres capaz de lograr lo que quieres.

 

Locus de control

Sobre el mundo de las supersticiones existen diferencias individuales. No todas las personas necesitan hacer uso de la superstición, ni todas las personas que la usan lo hacen de la misma manera.
El uso o no de la superstición está condicionado por nuestras características individuales. Una de estas características es el locus de control. El locus de control es un tópico ampliamente usado en psicología, y afecta al punto de vista de un individuo y a la manera que éste tiene de interactuar con el entorno. Hace referencia al lugar donde las personas posicionan el control. Las personas con un locus de control externo atribuyen el control de la situación a fuerzas externas a sí mismas como por ejemplo la suerte o el azar, mientras que las personas con un locus de control interno atribuyen el control a sí mismos, a sus capacidades.
Las personas que tengan un locus de control externo usaran más supersticiones que las personas con un locus de control interno.

Evidentemente, el simple hecho de utilizar la superstición no implica directamente una mejora del rendimiento. Dependiendo de cuál sea tus características individuales, la superstición te beneficiará o podrá perjudicarte. No a todas las personas les gusta sentir que el resultado de su rendimiento está determinado por un amuleto.

Lo que está claro es que superstición y el deporte van muy ligados. Los deportistas, sobre todo los que compiten a nivel semi-profesional o profesional, son por naturaleza personas supersticiosas. Hay muchos que tienen rituales sobre ropa, protecciones, gestos, acciones que piensan que pueden ser decisivos para mejorar una marca o ganar un partido. Por lo tanto, ayudan a dar confianza y motivar, que al final es lo que uno necesita para no fallar. Así que funcionar, puede que funcionen, pero claro está que en la medida en que consigan motivar a quien las utilice.

Ana Pastor (Psicóloga)

Superstición y rendimiento
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