Febrero de 2015, paseando por Sevilla me cruzo con la maratón de Sevilla y decido pararme a animarlo. Hasta la fecha, pensaba que se trataba de una prueba exclusiva de grandes atletas profesionales. No obstante, veo correr a gente como yo, atletas populares corrientes sin poderes sobrehumanos que están haciendo tan titánico esfuerzo.

Si ellos pueden, yo he de poder y me marco como objetivo correr la maratón de Sevilla de 2016. Para ello he de tomar la primera decisión, entrenar por mi cuenta o contar con profesionales. Teniendo en cuenta que soy una persona propensa a lesionarse y que, las lesiones cuestan tiempo y dinero, no me lo pienso y me pongo en manos de Personal Running.

Comienzo 4 meses de entrenamiento con Chiqui Pastor. Son 4 meses en los que sacar tiempo para entrenar es todo un reto. 4 meses cambiando mi nutrición. 4 meses de esfuerzo teniendo en la mente completar los 42 kilómetros.

Pero…una semana antes tengo un problema con mi plantilla y me lesiono en el pie derecho. Desánimo, abatimiento por no cumplir un reto que tenía ya en la palma de mi mano.

Pero hay que sobreponerse a los obstáculos y volver a intentarlo. El reto Maratón de Sevilla 2017 es el próximo y no se puede escapar otra vez.

Octubre de 2016, me vuelvo a poner en contacto con Chiqui y cambiamos varios aspectos del entrenamiento con respecto al anterior. Pasar de 3 a 4 días de entrenamiento, mayor volumen de kilómetros, visitas al fisioterapeuta como prevención de lesiones.

Vuelven a ser 4 meses duros con frio y lluvia que hacían muy desapacible entrenar muchos días. 4 meses en los que el apoyo de la familia y del trainer es fundamental. 4 meses que tienes la tentación de saltarte una tirada, un par de cuestas, algún que otro ejercicio de isometría o abdominales. Pero no, todo sacrificio tiene su recompensa y es necesario para poder afrontar grandes objetivos.

Y así pasaron los días de entrenamiento hasta que llega el gran día. Domingo 19 de Febrero, 8:30 de la mañana y me encuentro en la salida para alcanzar una meta que tenía mentalizada desde hace dos años.

Me marco como ritmo objetivo 5:45 el km para poder acabar en 4 horas la carrera. No obstante, con las tiradas largas que he realizado, creo que es un ritmo demasiado ambicioso y decido relajar el ritmo.

8:34 de la mañana, tengo a unos 13.000 corredores (de 14.000 en total) delante mía y tardo 4 minutos en empezar el km 0 desde el pistoletazo de salida. Nervios que van desapareciendo y comienza la gran fiesta del running en Sevilla.

Comienzan los 5 primeros kilómetros y el ambiente que se respira es relajado. Marco un ritmo de 5:47 el kilómetro. Al ser todavía temprano, no hay mucho público en las calles.

Los siguientes 5 kilómetros decido bajar algo el ritmo, pero no es fácil a ritmos tan lentos comparados con una carrera de 10 kilómetros. Este primer cuarto de carrera lo acabo en 0:58:15.

Pasamos al siguiente tramo de carrera y pasamos por el barrio de La Macarena. Allí se encuentra mis familiares esperando y como te sube la moral que estén en la calle animándote. Sin darme cuenta, llego a subir el ritmo a 5:00 el kilómetro por ese subidón en varios tramos. Estos 15 kilómetros pasan volando sin enterarme de nada a 5:48 el km haciendo un total de 1:27:03. Parece ser que se pueden bajar de la barrera de las 4 horas.

Se va acercando la media maratón manteniendo el ritmo pero voy notando algo de cansancio en las piernas. Pienso que es algo normal después de 21 kilómetros, pero pienso que debería estar más descansado debido a que queda la otra mitad de la carrera. Por ello, decido bajar el ritmo y correr por sensaciones, sin mirar el reloj ni el gps.

Bajo considerablemente el ritmo y pasamos al barrio de Nervión. La afluencia de público se va notando y es emocionante como personas anónimas te animan para que sigas adelante. Del kilómetro 25 a 35 bajo el ritmo a 6:05 el km. Es bastante lento pero me olvido de la marca ya que quiero acabar y cruzar la meta.

Y a partir del kilómetro 36 llega la parte más bonita del recorrido. Cruzamos la Plaza de España y entramos en el Casco Antiguo, corriendo al lado del Archivo de Indias, la Catedral y la Giralda. El público se agolpa y la carretera se estrecha. Parece la llegada en alto del Alpe D´huez en el Tour de Francia. Pero las reservas de energía se van agotando. Empiezo a sufrir bastante y el ritmo desciende a los 6:28 el kilómetro.

Para mí, este ritmo es incluso inferior al de calentamiento. Únicamente pienso en mensajes de automotivación para no pensar en ese cansancio. Recuerdo los días de frio y lluvia de entrenamiento, las series y cuestas que te hacían llegar reventado a casa, los ejercicios de pliometría, isometría, fuerza,… que fueron necesarios para llegar a donde estoy ahora. Y poco a poco, aunque con ritmo cansino los kilómetros van cayendo.

Y llegó el kilómetro 40, y ahora si me llegó el Sufrimiento. Los dos últimos kilómetros me parecieron una eternidad. El ritmo bajó hasta los 7:18. No podía literalmente más pero tenía el estadio a la vista. El cansancio era tal que no tenía ni fuerzas para automotivarme.

Faltan 200 metros para llegar al estadio y decido continuar andando (algo para mi tremendamente frustante) pero después de 4 horas, mis piernas no pueden para de correr y automáticamente continuo corriendo por la inercia.

No obstante, a los 100 metros ya si que no puedo más y vuelvo a decidir pararme. Pero por casualidades de la vida, una mujer que estaba de público me dijo: “Vamos no te pares, que la meta está ahí”. Y en un arrebato de orgullo continué corriendo.

Y la entrada al estadio fue apoteósica. Como esos últimos metros me cambiaba la cara de sufrimiento a una de felicidad inmensa. Buscar en la grada a la familia que me estaba esperando y devolverles el saludo y cruzar esa ansiada meta con una emoción inexplicable.

En Youtube se puede ver un resumen de mi carrera:

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